Esos pasos de ella, elegantes, antiguos y permanentes,
Adelante va andando, en esa hora
En que la luz se consume y se evapora,
En ese momento en que la noche dentro de sus ojos
Es la misma noche que la rodea.

Se había quedado dormido desde el atardecer, las cosas que habían pasado últimamente le habían hecho perder el sueño y solamente pudo recupéralo en ese cuarto frio y decorado por el abandono.
Cuando abrió los ojos había olvidado el horror de los días recientes en los que algún vecino de la comunidad había amanecido tirado en la calle, muerto a mordidas por algún horror hacía ya mucho tiempo olvidado, que ahora, sin embargo, había vuelto. La criatura deambulaba por las azoteas, al principio muy entrada la noche hasta que su fama se difundió, entonces se apodero de las calles desde el mismo momento en que la oscuridad se acomodaba en los rincones.
La memoria le volvió muy lentamente estimulada por la incertidumbre de haberse quedado solo, se llevó las manos a la frente y dejo de respirar para escuchar con claridad a sus hermanos durmiendo a su lado, pero no había nadie, miro a su alrededor y la noción de que ya había oscurecido y ellos no habían vuelto le hizo cerrar los puños con fuerza y al hacerlo rasguño su cara.
Se levantó con las piernas temblorosas y respiro profundo para recuperar la razón, salió al patio y miro alrededor de la posada con la luz de la luna, de pronto una luz anaranjada brillo al otro lado, volvió la mirada de inmediato hacia ese sitio y se encontró con la imagen fantasmal de la casera que había encendido un candil, llevaba un machete en la mano y lo miraba entrecerrando los ojos, encorvada por la vejes se le acerco despacio casi lista para asestarle un golpe, pero al dirigirle la luz a la cara y reconocerlo como su inquilino le dijo con tono amable;
- Buenas noches, no se preocupe por los muchachos, seguramente les agarro la noche y se quedaron en su casa buscando las cosas que olvidaron, ya vera que llegan mañana muy temprano y podrán seguir su camino.
Mientras le decía esto lo tomo del brazo con la mano que sostenía el machete y lo llevo adentro de su cuarto, encendió los candiles de la pequeña sala y se buscó una silla. Entonces le pregunto quiénes eran los dos jóvenes que lo habían dejado ahí.
-Son mi hermana mayor y mi hermano.- respondio sin dejar de mirar por la ventana, entonces la anciana le dijo directamente,-lo mejor es que te quedes aquí y olvídate de regresarte a tu casa a buscarlos, que se muy bien que eso estás pensando.- Le explico que la criatura seguramente ya estaba buscando su víctima de esa noche y que solo un loco se atrevería a salir, que lo más probable era que sus hermanos llegaran a casa cuando aún era de día y que al medir el tiempo que les llevaría regresar se dieron cuenta que obscurecería justo cuando fueran a la mitad de la subida al cerro. Mientras le hablaba la anciana lo miro sacar de una maleta un cuchillo de cacería y amárraselo al cinturón. –No sea tonto.- Prosiguió la anciana explicándole que aunque pudiera bajar la calzada sin hacer ruido, no podría cruzar por el centro pues los guardias del palacio de gobierno tenían la costumbre de disparar a todo lo que se les acercara, que tendría que ir por las calles laterales de la plaza, las calles donde justamente habían amanecido los cuerpos los días anteriores, en ese momento el joven abrió la puerta y volteo como queriendo escuchar un último consejo de la anciana, ella solo le dijo, que caminara muy despacio y que viera lo que viera no corriera., Por el contrario si veía que un animal empezaba a seguirlo sacara el cuchillo y se le acercara, si el animal se quedaba quieto no había peligro.
Él salió al patio alumbrado por la luna, camino por los huertos que estaban al borde de la barranca y desde ahí miro hacia el valle abajo, buscando la ciudad, esta estaba completamente oscura a excepción de las fogatas que habían encendido los guardias que cuidaban la plaza central, llego a la puerta que daba a la calzada y empezó a bajar el empedrado mientras sentía ese dolor en la garganta que produce el miedo cuando no es posible gritar.
La calle parecía más ruidosa estando completamente abandonada, las casas hablaban entre sí en un lenguaje propio de rechinidos y ecos, miraban fijamente a través de enormes ojos aletargados hechos de cristal.
Dio vuelta en la primera calle cuando detrás de si escucho el inconfundible paso de un animal, volteo con rapidez para no darse tiempo de asustarse y se encontró con un asno enorme que había aparecido a media calle, primero se llevó la mano a la cintura y al tocar el mango del cuchillo sintió un poco de valor, después recordando el consejo de la anciana se acercó al animal algunos pasos, mismos que le hicieron sentir que había metido los pies en agua helada, el animal se detuvo y sin perderlo de vista retrocedió.
Sin saber qué hacer, empezó a respirar por la boca, quiso pensar algo en voz alta, pero un grito que venía de alguna calle más adelante le hizo cerrar la boca con fuerza y le ahogo la voz en el cuello, el asno huyo asustado por los gritos de auxilio de un hombre que estaba a punto de morir, entonces él se dio la vuelta, saco el cuchillo y doblo la esquina, al ver la enorme y oscura calle delante de si, supo que era un buen momento para correr.
Oscar Muñoz Beristain

-“Que el peso de tu conciencia recaiga sobre mi espalda” dice.
-Debiste destruir eso también.
-Así lo hare, pero tengo miedo, mejor ven conmigo.
Fin.
Así debía de terminar una historia que escribí hace muchos años y que medio era de amor y medio era de terror (es que se sienten casi igual y vienen juntos casi siempre)
En fin que para los personajes tome prestados algunos de mi propio cuento de terror amoroso, es decir mi propia vida.
Ahí estaban., la niña que me gustaba, mi mejor amigo, mi ciudad, mis propios miedos y así por el estilo.
Todo empezaba en la ciudad de Puebla (ya desde ahí no pintaba bien), dos hermanos, un chico y una muchacha se enteraban que su padre había muerto en plenas fiestas navideñas, y no tenían de otra que venir a Tlaxcala a enterrarlo.
-Mencione que su padre coleccionaba objetos raros?
En una de esas un objeto recién añadido a su colección era un instrumento para filtrar las pesadillas y hacerlas sueños bonitos pero como todo objeto exótico no venía con instructivo y mucho menos manual de FAQs. Y ahí empezaba todo, una pieza del objeto se perdía y las pesadillas se volvían realidad y después de un sueño placentero las personas se hallaban invadidas y atormentadas por sus propios miedos, sin la posibilidad de despertar solo les quedaba la muerte.
Y así los dos hermanos de pronto se encontraban desenterrando muertos, traduciendo idiomas extraños y para colmo de males enamorándose de uno que otro lugareño. Al final (bueno ya casi al final y como debe ser) los dos chavos aprendían bien a perdonar, a confiar, a olvidar y a dejar ir.
El hecho es que nunca termine de escribir ese cuento, me falto siempre lo más importante, el final, pero la inspiración igual que el agua no se desperdicia, así que como un homenaje a mis historias sin terminar le doy punto final a “El guardián” de una vez y para siempre.
P.D.
Hoy ya no escribo cuentos de terror, alguien se dedico a enseñarme que estaba mal, y sin quererlo también me enseño que los mejores finales vienen después de aprender valiosas lecciones.
Siempre tuvo talento para la pintura, desde niña pintaba pequeños cuadros en el paño de las ventanas y en el polvo tenue de la pantalla del televisor.
Sus primeros dibujos eran las letras de un idioma inexistente, después dominó las formas más básicas como las de la temperatura y el sonido, luego aprendió a dibujar los sabores, en un buen día podía pintar el olor a durazno que un pequeño colibrí conservaba en el pico mientras iba en pleno vuelo de vuelta a su nido. A veces me sorprendía mirar una pintura en la que había plasmado un arroyo a las seis de la tarde de un día domingo junto a una pintura del mismo lugar a las seis de la tarde de un día viernes.
Hace no mucho tiempo me escabullí en su taller para intentar descubrir los primeros colores de sus trabajos y descubrir cómo se reflejaban esas cosas que antes de ser pintadas eran invisibles, la miré un largo rato mientras cambiaba un lienzo por otro sin poder terminar ninguno, la frustración en su rostro era evidente así que me acerque y le pregunte que la estaba deteniendo, cual era aquel concepto que obstaculizaba el trabajo de una artista tan virtuosa, reponiéndose a un leve sobresalto me miró un momento y me dijo, -No he podido pintar sentimientos.- yo le devolví la mirada, tome el pincel que tenía en la mano y sin importarme el color hice algunos trazos rápidos sobre el lienzo, ella miró el dibujo esbozando una sonrisa de incertidumbre, luego me dijo - Eso es justo lo que siento en este momento ¿Cómo lo supiste?, ¿Puedes mirar lo que las personas sienten?- yo le respondí que no, pero que desde siempre había podido escucharlo, que cada sentimiento producía una resonancia particular, y que desde hacía poco, dentro de su pecho el sonido era justamente aquél.
Fin.

Oscar Muñoz Beristain
2012
(Publicado por ARTEria de El Sol de Tlaxacala Domingo 12 de Agosto del 2012)